
Lectura y meditación sobre el capítulo 4 de la carta de Santiago:
Debemos evitar tener malas intenciones: « ¿De qué fuente son las guerras y de qué fuente son las peleas entre ustedes? ¿No son de esta fuente, a saber, de sus deseos vehementes de placer sensual que se hallan en conflicto en sus miembros? 2Ustedes desean, y sin embargo no tienen. Siguen asesinando y codiciando, y sin embargo no pueden obtener. Siguen peleando y guerreando. No tienen, porque no piden. 3Sí piden, y sin embargo no reciben, porque piden con un propósito malo, para gastar[lo] en los deseos vehementes que tienen de placer sensual » (versículos 1-3).
Debemos evitar el adulterio espiritual, es decir, la amistad con el mundo: « Adúlteras, ¿no saben que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Cualquiera, por lo tanto, que quiere ser amigo del mundo está constituyéndose enemigo de Dios. 5¿O se figuran ustedes que la escritura dice en balde: “Es con tendencia hacia la envidia con lo que el espíritu que se ha domiciliado en nosotros sigue anhelando”? 6Sin embargo, la bondad inmerecida que él da es mayor. Por eso se dice: “Dios se opone a los altivos, pero da bondad inmerecida a los humildes » (versículos 4-6).
El pecado de adulterio quiebra la promesa de lealtad entre un hombre y una mujer, estando los dos casados. El pecado de adulterio espiritual quiebra la promesa de fidelidad hecha a Dios y a Cristo, durante el bautismo cristiano (Mateo 28:19). El apóstol Juan define precisamente lo que es la amistad con el mundo: « No estén amando ni al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él; 16porque todo lo que hay en el mundo —el deseo de la carne y el deseo de los ojos y la exhibición ostentosa del medio de vida de uno— no se origina del Padre, sino que se origina del mundo. 17Además, el mundo va pasando, y también su deseo, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre » (1 Juan 2:15-17).
Hay que someterse a Dios y oponerse al diablo: « Sujétense, por lo tanto, a Dios; pero opónganse al Diablo, y él huirá de ustedes. 8Acérquense a Dios, y él se acercará a ustedes. Límpiense las manos, pecadores, y purifiquen su corazón, indecisos. 9Dense a la desdicha, y laméntense, y lloren. Que su risa se torne en lamento, y su gozo en desaliento. 10Humíllense a los ojos de Jehová, y él los ensalzará » (Versículos 7-10).
¿Quién es Satanás el diablo?
Jesucristo describió al diablo de manera muy concisa: “Ustedes proceden de su padre el Diablo, y quieren hacer los deseos de su padre. Ese era homicida cuando principió, y no permaneció firme en la verdad, porque la verdad no está en él. Cuando habla la mentira, habla según su propia disposición, porque es mentiroso y el padre de la mentira » (Juan 8:44). Satanás el diablo no es la abstracción de lo malo, sino una persona espiritual real (Vea el relato en Mateo 4:1-11). Asimismo, los demonios también son ángeles que se han convertido en rebeldes que han seguido el ejemplo del diablo (Génesis 6:1-3, comparar con la carta de Judas versículo 6: « Y a los ángeles que no guardaron su posición original, sino que abandonaron su propio y debido lugar de habitación, los ha reservado con cadenas sempiternas bajo densa oscuridad para el juicio del gran día »).
Cuando está escrito « no permaneció firme en la verdad », muestra que Dios creó a este ángel sin pecado y sin ningún rastro de maldad en su corazón. Este ángel, al comienzo de su vida, tenía un « buen nombre » (Eclesiastés 7:1a). Sin embargo, « no permaneció » en su integridad, cultivó el orgullo en su corazón y con el tiempo se convirtió en « diablo », que significa calumniador, y Satanás, enemigo; su antiguo y hermoso nombre, su buena reputación, ha sido reemplazado por un nombre de oprobio eterno. En la profecía de Ezequiel (capítulo 28), contra el orgulloso rey de Tiro, se alude claramente al orgullo del ángel que se convirtió en « diablo » y « Satanás »: »“Hijo del hombre, levanta una endecha acerca del rey de Tiro, y tienes que decirle: ‘Esto es lo que ha dicho el Señor Soberano Jehová: ’“Sellas un modelo, lleno de sabiduría y perfecto en hermosura. En Edén, el jardín de Dios, resultaste estar. Toda piedra preciosa fue tu cobertura: rubí, topacio y jaspe; crisólito, ónice y jade; zafiro, turquesa y esmeralda; y de oro era la hechura de tus engastes y tus encajaduras en ti. El día en que fuiste creado fueron alistadas. Tú eres el querubín ungido que cubre, y yo te he colocado a ti. En la montaña santa de Dios resultaste estar. En medio de piedras de fuego te paseabas. Estuviste exento de falta en tus caminos desde el día en que fuiste creado hasta que se halló injusticia en ti » (Ezequiel 28:12-15). Mediante su acto de injusticia en el Edén, se convirtió en un « mentiroso » que causó la muerte de toda la descendencia de Adán (Génesis 3; Romanos 5:12). Actualmente, es Satanás el diablo quien gobierna el mundo: « Ahora se somete a juicio a este mundo; ahora el gobernante de este mundo será echado fuera » (Juan 12:31; Efesios 2:2; 1 Juan 5:19).
Satanás el diablo será destruido para siempre: « Por su parte, el Dios que da paz aplastará a Satanás bajo los pies de ustedes en breve » (Génesis 3:15; Romanos 16:20).
No debemos juzgar al prójimo: « Dejen de hablar unos contra otros, hermanos. El que habla contra un hermano o juzga a su hermano habla contra ley y juzga ley. Ahora bien, si juzgas ley, no eres hacedor de ley, sino juez. 12Uno solo hay que es legislador y juez, el que puede salvar y destruir. Pero tú, ¿quién eres, para que estés juzgando a tu prójimo? » (Versículos 11,12).
Encontramos la misma exhortación en el Sermón del Monte: « Dejen de juzgar, para que no sean juzgados; porque con el juicio con que ustedes juzgan, serán juzgados; y con la medida con que miden, se les medirá. Entonces, ¿por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano, pero no tomas en cuenta la viga que hay en tu propio ojo? O, ¿cómo puedes decir a tu hermano: ‘Permíteme extraer la paja de tu ojo’; cuando ¡mira!, hay una viga en tu propio ojo? ¡Hipócrita! Primero extrae la viga de tu propio ojo, y entonces verás claramente cómo extraer la paja del ojo de tu hermano » (Mateo 7:1-5).
Esta exhortación a no juzgar debe situarse en el contexto de la relación humana en general y no en el marco normal de un tribunal que requiere la intervención de un juez para pronunciarse sobre la culpabilidad o no de una persona.
Jesucristo dice que el ser humano que tiende a juzgar sistemáticamente a su prójimo, a menudo olvida que se encuentra exactamente en la misma situación que la persona a la que juzga: es pecador como todos los demás descendientes de Adán: « Porque todos han pecado y no alcanzan a la gloria de Dios” (Romanos 3:23). Jesucristo añade un segundo punto mostrando que el que juzga se pone en una situación muy delicada desde el punto de vista de quien ejercerá el juicio, el Rey Jesucristo, especialmente poco antes de la gran tribulación: será juzgado de la misma manera que juzga a los demás. Así que, el no juzgar, visto desde esta perspectiva, es una forma de ser muy prudente. Sin embargo, Jesucristo dijo antes, en su sermón, que debemos ser misericordiosos y así se nos mostrará misericordia. Debemos perdonar, para que Dios nos perdone nuestras faltas (Mateo 5:7; 6:14,15).
Sin embargo, Jesucristo va mucho más allá con respecto a la persona que tiende a juzgar a su prójimo, dice sin vacilar, que es hipócrita. En efecto, juzga a su prójimo ignorando que tiene faltas, incluso mucho más graves; Jesucristo dice que la persona juzgada tiene una paja en el ojo mientras que, por efecto óptico, él que juzga, tiene una viga en el ojo. La expresión utilizada por Cristo está totalmente en consonancia con la persona que juzga regularmente a su prójimo: « Médico, cúrate a ti mismo » (Lucas 4:23).
Evitemos la presunción y la arrogancia: « Vamos, ahora, ustedes los que dicen: “Hoy o mañana iremos a tal ciudad y allí pasaremos un año, y negociaremos y haremos ganancias”, 14cuando el caso es que ustedes no saben lo que será su vida mañana. Porque son una neblina que aparece por un poco de tiempo y luego desaparece. 15En vez de eso, deberían decir: “Si Jehová quiere, viviremos y también haremos esto o aquello”. 16Pero ahora ustedes se glorían en sus alardes llenos de presunción. Todo ese gloriarse es inicuo. 17Por lo tanto, si uno sabe hacer lo que es correcto y, sin embargo, no lo hace, es para él un pecado » (versículos 13-17).
El comentario del discípulo Santiago, sobre la fragilidad de la vida, nos lleva a hacernos preguntas existenciales sobre su significado. El libro bíblico de Eclesiastés es una meditación existencial del sentido de la vida y las preguntas, vinculadas a la muerte y la esperanza. El libro de Eclesiastés la pone en dos perspectivas importantes: la descripción de una vida completamente despojada de toda espiritualidad y la otra que toma en cuenta su dimensión espiritual y divina.
El libro empieza con lo que constituye su tema central, repetido varias veces: « ¡La mayor de las vanidades! —ha dicho el congregador—, ¡la mayor de las vanidades! ¡Todo es vanidad! » (Eclesiastés 1:2). El tema de lo absurdo de la condición humana se ilustra con varios ejemplos. La condición humana lo lleva inexorablemente a la muerte, de modo que sea lo que emprenda, al fin y al cabo, será inútil, no escapará de ella (Romanos 6:23).
Obviamente, este libro bíblico no hace solo una observación realista y abrumadora de la existencia humana, sino que también presenta la solución, a lo largo del libro de Eclesiastés y particularmente en las últimas palabras del capítulo 12: « La conclusión del asunto, habiéndose oído todo, es: Teme al Dios verdadero y guarda sus mandamientos. Porque este es todo el deber del hombre. Porque el Dios verdadero mismo traerá toda clase de obra a juicio con relación a toda cosa escondida, en cuanto a si es buena o es mala » (Eclesiastés 12:13,14). Si el libro describe el aspecto muy oscuro de la existencia, el contrapunto es la solución de que debemos vincularnos a Dios, con lo divino, porque solo es de esta manera que podremos extraernos del ciclo absurdo de la existencia, al obtener la vida eterna. Solo Dios, el Padre Celestial, puede liberarnos de este callejón sin salida (Juan 3:16.36; 17:3).
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Lectura y meditación sobre el capítulo 1 de la carta de Santiago…
Lectura y meditación sobre el capítulo 2 de la carta de Santiago…
Lectura y meditación sobre el capítulo 3 de la carta de Santiago…
Lectura y meditación sobre el capítulo 5 de la carta de Santiago…
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Alcanzando la madurez espiritual (Hebreos 6:1)
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