Amados, no crean toda expresión inspirada, sino prueben las expresiones inspiradas para ver si se originan de Dios (1Juan 4:1)

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Comentario de la primera carta de Juan, capítulo 4

Es muy importante comprobar si la enseñanza que recibimos, como palabras « inspiradas », sea basada realmente en la Biblia: « Amados, no crean toda expresión inspirada, sino prueben las expresiones inspiradas para ver si se originan de Dios, porque muchos falsos profetas han salido al mundo. 2 Adquieren conocimiento de que la expresión inspirada procede de Dios por esto: Toda expresión inspirada que confiesa que Jesucristo ha venido en carne se origina de Dios, 3 pero toda expresión inspirada que no confiesa a Jesús no se origina de Dios. Además, esta es la expresión inspirada del anticristo que ustedes han oído que venía, y actualmente ya está en el mundo. 4 Ustedes se originan de Dios, hijitos, y han vencido a esas personas, porque el que está en unión con ustedes es mayor que el que está en unión con el mundo. 5 Ellos se originan del mundo; por eso hablan lo que procede del mundo y el mundo los escucha. 6 Nosotros nos originamos de Dios. El que adquiere el conocimiento de Dios nos escucha; el que no se origina de Dios no nos escucha. Es así como notamos la expresión inspirada de la verdad y la expresión inspirada del error » (versículos 1-6).

¿Cómo comprobar las palabras « inspiradas » para ver si vienen de Dios »? Tenemos un ejemplo concreto escrito en el libro de los Hechos: « Ahora bien, estos eran de disposición más noble que los de Tesalónica, porque recibieron la palabra con suma prontitud de ánimo, y examinaban con cuidado las Escrituras diariamente en cuanto a si estas cosas eran así » (Hechos 17:11). Eran los Bereanos quienes, mientras escuchaban la enseñanza del apóstol Pablo, verificaban lo que estaba diciendo, si estaba bien basado en la Biblia (la palabra inspirada de verdad).

En los versículos 2 y 3, Juan especifica su pensamiento: « Toda expresión inspirada que confiesa que Jesucristo ha venido en carne se origina de Dios, pero toda expresión inspirada que no confiesa a Jesús no se origina de Dios ». ¿Por qué el apóstol Juan insiste tanto en la fe en Jesucristo? Porque este es el punto central de la enseñanza, del cristianismo. Desde el momento en que se atacan a ciertos aspectos de esta enseñanza fundamental, se puede poner en peligro el futuro eterno de quienes reciban esta enseñanza falsificada o que niega francamente el hecho de que Jesús es Cristo.

A veces este ataque contra la fe en el sacrificio de Cristo, puede tener aspectos más difíciles de detectar. Tomemos un ejemplo concreto en conexión directa con la fe en el sacrificio Jesucristo que lleva a la vida eterna. Hablemos sobre la celebración del recuerdo del sacrificio de Cristo. Jesús dijo de celebrarlo una vez al año, en la fecha de la celebración de la Pascua judía, en el 14 nisán del calendario judío: « Sigan haciendo esto en memoria de mí » (Lucas 22:19). Esta ceremonia cristiana debe celebrarse de la misma manera que la Pascua, solo entre circuncisos espirituales, entre cristianos fieles, en la congregación o en familia (Éxodo 12:48; Hebreos 10:1; Colosenses 2:17; 1 Corintios 11:33). Después de la celebración de la Pascua, Jesucristo estableció el modelo de la futura celebración del recuerdo de su muerte (Lucas 22:12-18). Aquí están los textos bíblicos de los evangelios que establecen el modelo sencillo de esta celebración: Mateo 26:17-35, Marcos 14:12-31, Lucas 22:7-38, Jean Capítulo 13 a 17.

El apóstol Pablo también escribió esto: « Cristo nuestra pascua ha sido sacrificado » (1 Corintios 5:7). Las modalidades de esta celebración cristiana, que reemplaza la Pascua judía, son muy simples. El cordero de la Pascua ha sido reemplazado por lo que representa simbólicamente el cuerpo humano sin pecado de Cristo: su carne representada por un pan sin levadura, su sangre representada por la copa. Los judíos circuncidados comían el cordero de la Pascua. Por lo tanto, el cristiano está invitado, por Jesucristo, a participar del pan sin levadura y beber de la copa: « Entonces Jesús les dijo: “Muy verdaderamente les digo: A menos que coman la carne del Hijo del hombre y beban su sangre, no tienen vida en ustedes. El que se alimenta de mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día; porque mi carne es verdadero alimento, y mi sangre es verdadera bebida” » (Juan 6:53-55).

Hay actualmente declaraciones humanas « inspiradas », a escala mundial, que afirman que los cristianos fieles, que tienen la esperanza de vivir para siempre en la tierra, no tienen derecho a participar del pan y de la copa, contradiciendo frontalmente las declaraciones claras y precisas de Cristo (Apocalipsis 21:3.4 (esperanza terrestre de la vida eterna); Juan 6:48-58 (el mandato de Cristo de comer el pan sin levadura y beber la copa, simbolizando su carne y su sangre)). Este dogma de la prohibición de tomar los emblemas (el pan y la copa), para millones de cristianos fieles, no tiene absolutamente ningún fundamento bíblico y contradice frontalmente la enseñanza de Cristo para participar del pan sin levadura y de la copa. Ahora bien, participar del pan y de la copa, es el único medio visible que el cristiano tiene de demostrar, de manera visible, su fe en el sacrificio de Cristo y en la esperanza de la vida eterna (celestial o terrestre) (Juan 3:16,36). Por lo tanto, ustedes cristianos fieles que comprueban todas las declaraciones inspiradas, como lo escribe el apóstol Juan, durante la próxima celebración del recuerdo del sacrificio de Cristo, ¿qué van a hacer?

Si amamos a Dios, también debemos amar a nuestro prójimo: « Amados, continuemos amándonos unos a otros, porque el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y adquiere el conocimiento de Dios. 8 El que no ama no ha llegado a conocer a Dios, porque Dios es amor. 9 Por esto el amor de Dios fue manifestado en nuestro caso, porque Dios envió a su Hijo unigénito al mundo para que nosotros consiguiéramos la vida mediante él. 10 El amor consiste en esto, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo como sacrificio propiciatorio por nuestros pecados. 11 Amados, si Dios nos amó así a nosotros, entonces nosotros mismos estamos obligados a amarnos unos a otros. 12 Nadie ha contemplado a Dios nunca. Si continuamos amándonos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor se perfecciona en nosotros. 13 En esto adquirimos conocimiento de que permanecemos en unión con él y él en unión con nosotros, porque él nos ha impartido su espíritu. 14 Además, nosotros mismos hemos contemplado —y de ello estamos dando testimonio— que el Padre ha enviado a su Hijo como Salvador del mundo. 15 Cualquiera que haga la confesión de que Jesucristo es el Hijo de Dios, Dios permanece en unión con el tal y él en unión con Dios. 16 Y nosotros mismos hemos llegado a conocer y hemos creído el amor que Dios tiene en nuestro caso. (…) Si alguno hace la declaración: “Yo amo a Dios”, y sin embargo está odiando a su hermano, es mentiroso. Porque el que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede estar amando a Dios, a quien no ha visto. 21 Y este mandamiento lo tenemos de él, que el que ama a Dios esté amando también a su hermano » (versículos 7-16a, 20,21).

Juan nos anima a amar a nuestro prójimo a la manera de Dios y de su Hijo Jesucristo, es decir, dando el primer paso: « El amor consiste en esto, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo como sacrificio propiciatorio por nuestros pecados. Amados, si Dios nos amó así a nosotros, entonces nosotros mismos estamos obligados a amarnos unos a otros » (versículos 10 y 11). Ha sido Dios quien nos amó primero, y no nosotros. Jesucristo dijo la misma idea, es decir, dar el primer paso, amar a alguien que no nos ama, como Dios hizo con nosotros, pero lo expresó de una manera distinta: « Porque si aman a los que los aman, ¿qué galardón tienen? ¿No hacen también la misma cosa los recaudadores de impuestos? Y si saludan a sus hermanos solamente, ¿qué cosa extraordinaria hacen? ¿No hace la misma cosa también la gente de las naciones? Ustedes, en efecto, tienen que ser perfectos, como su Padre celestial es perfecto » (Mateo 5:46-48). Por consiguiente, la manifestación del amor sublimado, a la manera de Dios y de Cristo, tiene que manifestarse particularmente amando a los que no nos aman. Quizás, más tarde, nazca en sus corazones, en respuesta, un amor para con nosotros, como fue el caso de nuestro amor hacia Dios y su Hijo Jesucristo (Juan 3:16).

El amor que sentimos por Dios, hecha fuera el temor: « Dios es amor, y el que permanece en el amor permanece en unión con Dios, y Dios permanece en unión con él. 17 Así es como el amor ha sido perfeccionado con nosotros, para que tengamos franqueza de expresión en el día del juicio, porque, tal como es ese, así somos nosotros mismos en este mundo. 18 No hay temor en el amor, sino que el amor perfecto echa fuera el temor, porque el temor ejerce una restricción. En verdad, el que está bajo temor no ha sido perfeccionado en el amor. 19 En cuanto a nosotros, amamos, porque él nos amó primero » (versículos 16b-19).

¿Cómo es que el apóstol Juan escriba que hay que amar a Dios sin temor, cuando en otras partes de la Biblia, se nos anima a temer a Dios (Proverbios 2:5 « el temor de Jehová »)? El temor de Jehová mencionado en Proverbios 2:5 es un sentimiento de profundo respeto y deferencia, un temor reverencial. Mientras que el temor mencionado por el apóstol Juan es incompatible con el amor por Dios porque es de otra naturaleza. Es un miedo mórbido, un pavor del castigo que es completamente incompatible con el amor que naturalmente podríamos sentir hacia una persona que no nos asusta y que nos tranquiliza.

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Juan es uno de los doce apóstoles de Jesucristo. También es el redactor del Evangelio que lleva su nombre y del libro Apocalipsis o Revelación…

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