
Comentario de la primera carta de Juan, capítulo 2
Debemos poner nuestra fe en el valor expiatorio del sacrificio de Cristo, para obtener el perdón de los pecados. También debemos observar los mandamientos de Dios: « Hijitos míos, les escribo estas cosas para que no cometan un pecado. Y no obstante, si alguno comete un pecado, tenemos un ayudante para con el Padre, a Jesucristo, uno que es justo. 2 Y él es un sacrificio propiciatorio por nuestros pecados, pero no solo por los nuestros, sino también por los de todo el mundo. 3 Y en esto tenemos el conocimiento de que hemos llegado a conocerlo, a saber, si continuamos observando sus mandamientos. 4 El que dice: “Yo he llegado a conocerlo”, y sin embargo no está observando sus mandamientos, es mentiroso, y la verdad no está en esta [persona]. 5 Pero cualquiera que sí observa su palabra, verdaderamente en esta [persona] el amor a Dios ha sido perfeccionado. En esto tenemos el conocimiento de que estamos en unión con él. 6 El que dice que permanece en unión con él está obligado él mismo también a seguir andando así como anduvo aquel. (…) Les escribo, hijitos, porque sus pecados les han sido perdonados por causa del nombre de él. 13 Les escribo, padres, porque ustedes han llegado a conocer al que es desde [el] principio. Les escribo, jóvenes, porque han vencido al inicuo. Les escribo, niñitos, porque han llegado a conocer al Padre. 14 Les escribo, padres, porque han llegado a conocer al que es desde [el] principio. Les escribo, jóvenes, porque son fuertes y la palabra de Dios permanece en ustedes, y han vencido al inicuo » (versículos 1-6,12-14).
El discípulo Santiago ha escrito también que la fe va con el hacer la voluntad de Dios, con obras. De no ser así, la fe está muerta: « Ustedes ven que el hombre ha de ser declarado justo por obras, y no por fe solamente. De la misma manera, también, Rahab la ramera, ¿no fue declarada justa por obras, después que hubo recibido hospitalariamente a los mensajeros y los hubo enviado por otro camino? En verdad, como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta » (Santiago 2:24-26).
El amor cristiano es incompatible con el odio: « Amados, no les escribo un mandamiento nuevo, sino un mandamiento viejo que ustedes han tenido desde el principio. Este mandamiento viejo es la palabra que ustedes oyeron. 8 Otra vez, les escribo un mandamiento nuevo, un hecho que es verdadero en el caso de él y en el de ustedes, porque la oscuridad va pasando y la luz verdadera ya está resplandeciendo. 9 El que dice que está en la luz y, sin embargo, odia a su hermano, está en la oscuridad hasta ahora mismo. 10 El que ama a su hermano permanece en la luz, y en el caso de él no hay causa de tropiezo. 11 Pero el que odia a su hermano está en la oscuridad y está andando en la oscuridad, y no sabe a dónde va, porque la oscuridad le ha cegado los ojos » (versículos 7-11).
El cristiano no debe amar al mundo: « No estén amando ni al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él; 16 porque todo lo que hay en el mundo —el deseo de la carne y el deseo de los ojos y la exhibición ostentosa del medio de vida de uno— no se origina del Padre, sino que se origina del mundo. 17 Además, el mundo va pasando, y también su deseo, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre » (versículos 15-17).
El discípulo Santiago también hizo la misma recomendación de no amar al mundo: « Adúlteras, ¿no saben que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Cualquiera, por lo tanto, que quiere ser amigo del mundo está constituyéndose enemigo de Dios » (Santiago 4:4). La amistad con el mundo es un adulterio espiritual, es decir, la ruptura de una promesa de fidelidad hecha a Dios y a Jesucristo, durante el bautismo cristiano (Mateo 28:19).
El apóstol Juan anuncia la presencia del anticristo y da la definición de la palabra. Anima a permanecer en unión con Jesucristo: « Niñitos, es la última hora, y, así como han oído que [el] anticristo viene, aun ahora ha llegado a haber muchos anticristos; del cual hecho adquirimos el conocimiento de que es la última hora. 19 Ellos salieron de entre nosotros, pero no eran de nuestra clase; porque si hubieran sido de nuestra clase, habrían permanecido con nosotros. Pero [salieron], para que se mostrara a las claras que no todos son de nuestra clase. 20 Y ustedes tienen una unción del santo; todos ustedes tienen conocimiento. 21 Les escribo, no porque no conocen la verdad, sino porque la conocen, y porque ninguna mentira se origina de la verdad. 22 ¿Quién es el mentiroso si no es el que niega que Jesús es el Cristo? Este es el anticristo, el que niega al Padre y al Hijo. 23 Todo el que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que confiesa al Hijo, también tiene al Padre. 24 En cuanto a ustedes, que lo que han oído desde [el] principio permanezca en ustedes. Si lo que han oído desde [el] principio permanece en ustedes, ustedes también continuarán en unión con el Hijo y en unión con el Padre. 25 Además, esta es la cosa prometida que él mismo nos prometió: la vida eterna. 26 Estas cosas les escribo acerca de los que tratan de extraviarlos. 27 Y en cuanto a ustedes, la unción que recibieron de él permanece en ustedes, y no necesitan que nadie les esté enseñando; antes bien, como la unción de él les está enseñando acerca de todas las cosas, y es verdad y no es mentira, y así como les ha enseñado, permanezcan en unión con él. 28 Ahora, pues, hijitos, permanezcan en unión con él, para que cuando él sea manifestado tengamos franqueza de expresión y no se nos haga apartarnos de él avergonzados al tiempo de su presencia. 29 Si ustedes saben que él es justo, adquieren el conocimiento de que todo el que practica la justicia ha nacido de él » (versículos 18-29).
Recordamos la definición muy precisa del anticristo, de acuerdo con lo que está escrito en 1 Juan 2:22,23: « ¿Quién es el mentiroso si no es el que niega que Jesús es el Cristo? Este es el anticristo, el que niega al Padre y al Hijo. Todo el que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que confiesa al Hijo, también tiene al Padre ».
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Juan es uno de los doce apóstoles de Jesucristo. También es el redactor del Evangelio que lleva su nombre y del libro Apocalipsis o Revelación…
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