
Meditación sobre la Primera Carta de Pedro, Capítulo 5
Los ancianos o superintendentes de las congregaciones cristianas deben pastorear al rebaño de Dios: « Por lo tanto, a los que son ancianos entre ustedes doy esta exhortación, porque yo también soy anciano con ellos y testigo de los sufrimientos del Cristo, hasta partícipe de la gloria que ha de ser revelada: 2 Pastoreen el rebaño de Dios bajo su custodia, no como obligados, sino de buena gana; tampoco por amor a ganancia falta de honradez, sino con empeño; 3 tampoco como enseñoreándose de los que son la herencia de Dios, sino haciéndose ejemplos del rebaño. 4 Y cuando el pastor principal haya sido manifestado, ustedes recibirán la inmarcesible corona de la gloria » (versículos 1-4).
Los ancianos de la congregación cristiana son pastores espirituales al servicio de las ovejas que pertenecen a Dios y a Jesucristo. El apóstol Pedro se designa también como anciano. Antes de subir al cielo, Jesucristo resucitado le pidió a Pedro que pastoreara al rebaño de Dios, la congregación cristiana (Juan 21:15-17). El trabajo pastoral es enseñar, como lo hicieron el apóstol Pedro, el discípulo Santiago y Judas (su hermano), y los apóstoles Juan y Pablo. Sus cartas son ejemplos de la clase de enseñanza bíblica de alta cualidad que cada anciano debe proporcionar a la congregación cristiana. El trabajo pastoral de los superintendentes también es crear vínculos fraternales con los hermanos y las hermanas en la congregación cristiana, haciendo visitas de pastoreo para animar a las ovejas de Dios, bajo su custodia.
El apóstol Pablo escribió, bajo inspiración, las condiciones requeridas de los ancianos o superintendentes de las congregaciones cristianas: « Si algún hombre está procurando alcanzar un puesto de superintendente, desea una obra excelente. El superintendente, por lo tanto, debe ser irreprensible, esposo de una sola mujer, moderado en los hábitos, de juicio sano, ordenado, hospitalario, capacitado para enseñar, no un borracho pendenciero, no un golpeador, sino razonable, no belicoso, no amador del dinero, hombre que presida su propia casa excelentemente, que tenga hijos en sujeción con toda seriedad (si de veras no sabe algún hombre presidir su propia casa, ¿cómo cuidará de la congregación de Dios?); no un hombre recién convertido, por temor de que se hinche de orgullo y caiga en el juicio pronunciado contra el Diablo. Además, debe también tener excelente testimonio de los de afuera, para que no caiga en vituperio y en un lazo del Diablo » (1 Timoteo 3:1-7).
« Por esta razón te dejé en Creta, para que corrigieras las cosas defectuosas e hicieras nombramientos de ancianos en ciudad tras ciudad, como te di órdenes; si hay algún hombre libre de acusación, esposo de una sola mujer, que tenga hijos creyentes no acusados de disolución, ni ingobernables. Porque el superintendente tiene que estar libre de acusación como mayordomo de Dios, no ser voluntarioso, ni propenso a la ira, ni borracho pendenciero, ni golpeador, ni ávido de ganancia falta de honradez, sino hospitalario, amador del bien, de juicio sano, justo, leal, que ejerza autodominio, que se adhiera firmemente a la fiel palabra en lo que toca a su arte de enseñar, para que pueda exhortar por la enseñanza que es saludable y también censurar a los que contradicen » (Tito 1:5-9).
También hay las condiciones requeridas de los siervos ministeriales, escritas por el apóstol Pablo, bajo inspiración: « Los siervos ministeriales, igualmente, deben ser serios, no de lengua doble, no dados a mucho vino, no ávidos de ganancia falta de honradez, manteniendo el secreto sagrado de la fe con una conciencia limpia. También, que primero se pruebe a estos en cuanto a aptitud; entonces que sirvan como ministros, al estar libres de acusación » (1 Timoteo 3:8-10). Los siervos ministeriales ayudan a los ancianos en el trabajo pastoral en la congregación cristiana.
Hay un ejemplo concreto, que muestra cómo los siervos ministeriales pueden ayudar a los superintendentes, en el relato del libro de los Hechos: « Ahora bien, en estos días, cuando aumentaban los discípulos, se suscitó una murmuración de parte de los judíos de habla griega contra los judíos de habla hebrea, porque a sus viudas se las pasaba por alto en la distribución diaria. De modo que los doce convocaron a la multitud de los discípulos y dijeron: “No es cosa grata el que nosotros dejemos la palabra de Dios para distribuir alimento a las mesas. Por eso, hermanos, búsquense siete varones acreditados de entre ustedes, llenos de espíritu y de sabiduría, para que los nombremos sobre este asunto necesario; pero nosotros nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la palabra”. Y lo que se habló fue grato a toda la multitud, y seleccionaron a Esteban, varón lleno de fe y de espíritu santo, y a Felipe y a Prócoro y a Nicanor y a Timón y a Parmenas y a Nicolás, prosélito de Antioquía; y los colocaron delante de los apóstoles, y, después de haber orado, estos les impusieron las manos » (Hechos 6:1-6). En esta situación, los siervos ministeriales ayudaron a los apóstoles que también eran ancianos, para que pudieran estar más disponibles para la oración y el ministerio de la palabra.
Entre aquellos siete hombres nombrados como siervos ministeriales, hay dos muy conocidos, según el relato de los Hechos: Esteban y Felipe (Hechos capítulos 6 y 7 (Esteban); Hechos capítulo 8 (Felipe conocido como evangelizador, como lo era también el apóstol Pablo)). Dada su respectiva sabiduría, es probable que fueran también ancianos, en el momento de su tarea de distribución de alimentos. Esto significa que un anciano o superintendente puede, en ciertas circunstancias, tener la función del siervo ministerial.
Hay que humillarse bajo la poderosa mano de Dios: « De igual manera, ustedes, hombres de menos edad, estén en sujeción a los hombres de más edad. Pero todos ustedes cíñanse con humildad mental los unos para con los otros, porque Dios se opone a los altivos, pero da bondad inmerecida a los humildes.
6 Humíllense, por lo tanto, bajo la poderosa mano de Dios, para que él los ensalce al tiempo debido; 7 a la vez que echan sobre él toda su inquietud, porque él se interesa por ustedes. 8 Mantengan su juicio, sean vigilantes. Su adversario, el Diablo, anda en derredor como león rugiente, procurando devorar [a alguien]. 9 Pero pónganse en contra de él, sólidos en la fe, sabiendo que las mismas cosas en cuanto a sufrimientos van realizándose en toda la asociación de sus hermanos en el mundo. 10 Pero, después que ustedes hayan sufrido por un poco de tiempo, el Dios de toda bondad inmerecida, que los llamó a su gloria eterna en unión con Cristo, terminará él mismo el entrenamiento de ustedes; él los hará firmes, él los hará fuertes. 11 A él sea la potencia para siempre. Amén.
12 Mediante Silvano, un fiel hermano, según lo considero yo, les he escrito en pocas [palabras], para dar estímulo y un testimonio sincero de que esta es la verdadera bondad inmerecida de Dios; en la cual, estén firmes. 13 La que está en Babilonia, escogida igual [que ustedes], les envía sus saludos, y también Marcos mi hijo. 14 Salúdense los unos a los otros con un beso de amor. Que todos ustedes los que están en unión con Cristo tengan paz » (versículos 5-14).
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El redactor de esta carta es uno de los doce apóstoles de Jesucristo. En los Evangelios, también tiene el nombre de Simón Pedro (Mateo 4:18) y Jesucristo le dio el nombre de Cefas (Juan 1:42)…
Alcanzando la madurez espiritual (Hebreos 6:1)
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