
Meditación sobre la Primera Carta de Pedro, Capítulo 4
El discípulo de Cristo ya no debería vivir para los deseos de los hombres, sino para hacer la voluntad de Dios: « Por lo tanto, puesto que Cristo sufrió en la carne, ustedes también ármense de la misma disposición mental; porque la persona que ha sufrido en la carne ha desistido de los pecados, 2 con el fin de vivir el resto de su tiempo en la carne, ya no para los deseos de los hombres, sino para la voluntad de Dios. 3 Porque basta el tiempo que ha pasado para que ustedes hayan obrado la voluntad de las naciones cuando procedían en hechos de conducta relajada, lujurias, excesos con vino, diversiones estrepitosas, partidas de beber e idolatrías ilegales. 4 Porque no continúan corriendo con ellos en este derrotero al mismo bajo sumidero de disolución, ellos están perplejos y siguen hablando injuriosamente de ustedes. 5 Pero estas personas rendirán cuenta al que está listo para juzgar a los vivos y a los muertos. 6 De hecho, con este propósito las buenas nuevas fueron declaradas también a los muertos, para que fueran juzgados en cuanto a la carne desde el punto de vista de los hombres, pero vivieran en cuanto al espíritu desde el punto de vista de Dios » (versículos 4-6).
Los deseos de los hombres representan, según el contexto, los comportamientos desenfrenados. Sin embargo, también pueden representar nuestras malas tendencias pecaminosas. El apóstol Pablo aludió a esta lucha interna contra aquellas malas tendencias humanas: « Hallo, pues, esta ley en el caso mío: que cuando deseo hacer lo que es correcto, lo que es malo está presente conmigo. Verdaderamente me deleito en la ley de Dios conforme al hombre que soy por dentro, pero contemplo en mis miembros otra ley que guerrea contra la ley de mi mente y que me conduce cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Hombre desdichado que soy! ¿Quién me librará del cuerpo que está padeciendo esta muerte? ¡Gracias a Dios mediante Jesucristo nuestro Señor! Así pues, con mi mente yo mismo soy esclavo a la ley de Dios, pero con mi carne a la ley del pecado » (Romanos 7:21-25).
Este cambio en el comportamiento atraerá inevitablemente la atención del entorno social del cristiano. Y por consecuencias, es posible que experimente una presión muy fuerte del grupo en forma de chismes, burlas y hasta insultos: « Porque no continúan corriendo con ellos en este derrotero al mismo bajo sumidero de disolución, ellos están perplejos y siguen hablando injuriosamente de ustedes » (Versículo 4). Predicar las buenas nuevas a los muertos, significa una proclamación a toda la humanidad condenada por la muerte heredada de Adán (Mateo 8:22; Efesios 2:1; Romanos 5:12). Esta proclamación de las buenas nuevas hace que, a veces, los cristianos sean criticados o « juzgados en cuanto a la carne desde el punto de vista de los hombres, pero vivieran en cuanto al espíritu desde el punto de vista de Dios » (versículo 6).
El discípulo de Cristo debe tener un comportamiento virtuoso y poner sus dones espirituales al servicio de sus hermanos y hermanas en la fe: « Pero el fin de todas las cosas se ha acercado. Sean de juicio sano, por lo tanto, y sean vigilantes en cuanto a oraciones. 8 Ante todo, tengan amor intenso unos para con otros, porque el amor cubre una multitud de pecados. 9 Sean hospitalarios unos para con otros sin rezongar. 10 En proporción al don que cada uno haya recibido, úsenlo al ministrarse unos a otros como excelentes mayordomos de la bondad inmerecida de Dios expresada de diversas maneras. 11 Si alguno habla, que hable como si fueran las sagradas declaraciones formales de Dios; si alguno ministra, que ministre como dependiendo de la fuerza que Dios suministra; para que en todas las cosas Dios sea glorificado mediante Jesucristo. De él son la gloria y la potencia para siempre jamás. Amén » (versículos 7-11).
Los cristianos que tienen varios dones otorgados por Dios, son sus administradores. Aquellos dones se manifiestan de manera distinta (versículo 10). El apóstol Pablo los describe con mayor precisión: « Ahora bien, hay variedades de dones, pero hay el mismo espíritu; y hay variedades de ministerios, y sin embargo hay el mismo Señor; y hay variedades de operaciones, y sin embargo es el mismo Dios quien ejecuta todas las operaciones en todos. Pero la manifestación del espíritu se da a cada uno con un propósito provechoso. Por ejemplo, a uno se le da mediante el espíritu habla de sabiduría, a otro habla de conocimiento según el mismo espíritu, a otro fe por el mismo espíritu, a otro dones de curaciones por ese único espíritu, a otro operaciones de obras poderosas, a otro el profetizar, a otro discernimiento de expresiones inspiradas, a otro lenguas diferentes, y a otro interpretación de lenguas. Pero todas estas operaciones las ejecuta el uno y mismo espíritu, distribuyendo a cada uno respectivamente así como dispone » (1 Corintios 12:4-11). Aquellos que tienen dones particulares en la congregación deben ser modestos al usarlos, « como dependiendo de la fuerza que Dios suministra ».
A veces, el discípulo de Cristo puede estar en una situación que le parece « extraña », estando en el fuego de una prueba terrible que no esperaba: « Amados, no estén perplejos a causa del incendio entre ustedes, que les está sucediendo para prueba, como si algo extraño les sobreviniera. 13 Al contrario, sigan regocijándose por cuanto son partícipes de los sufrimientos del Cristo, para que también durante la revelación de su gloria se regocijen y se llenen de gran gozo. 14 Si a ustedes los están vituperando por el nombre de Cristo, son felices, porque el [espíritu] de gloria, sí, el espíritu de Dios, descansa sobre ustedes » (versículos 12-14). Aquellas situaciones extrañas pueden ser tribulaciones dentro de la congregación debido a la infiltración de lobos espirituales opresivos que maltratan a los discípulos fieles de Cristo (Mateo 7:15,16).
Los sufrimientos del discípulo de Cristo no deben ser la consecuencia de malas acciones. El discípulo de Cristo debe sufrir como cristiano leal y no como criminal: « Sin embargo, que ninguno de ustedes sufra como asesino, o ladrón, o malhechor, o como entremetido en asuntos ajenos. 16 Pero si [sufre] como cristiano, no se avergüence, sino siga glorificando a Dios en este nombre. 17 Porque es el tiempo señalado para que el juicio comience con la casa de Dios. Ahora bien, si comienza primero con nosotros, ¿cuál será el fin de los que no son obedientes a las buenas nuevas de Dios? 18 “Y si el justo con dificultad se salva, ¿dónde aparecerán el impío y el pecador?” 19 Así, pues, también los que están sufriendo en armonía con la voluntad de Dios sigan encomendando sus almas a un fiel Creador mientras están haciendo el bien » (versículos 15-19).
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El redactor de esta carta es uno de los doce apóstoles de Jesucristo. En los Evangelios, también tiene el nombre de Simón Pedro (Mateo 4:18) y Jesucristo le dio el nombre de Cefas (Juan 1:42)…
Alcanzando la madurez espiritual (Hebreos 6:1)
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