Cuando deseo hacer lo que es correcto, lo que es malo está presente conmigo (Romanos 7:21)

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Lectura y meditación sobre el capítulo 7 de la carta a los Romanos:

Pablo explica que, de ahora en adelante, los cristianos de origen judío (los que leen su carta), que aplicaron la Ley mosaica en sus vidas, ya no son esclavos del código escrito que hizo manifiesto sus pecados, sino que esta vez son propiedad de Cristo para ser esclavos, en un nuevo sentido, por el espíritu:

“¿Será que ignoran, hermanos (porque estoy hablando a los que conocen ley), que la Ley es amo sobre el hombre en tanto que este vive? 2 Por ejemplo, la mujer casada está atada por ley a su esposo mientras este vive; pero si su esposo muere, queda desobligada de la ley de su esposo. 3 Así es que, mientras vive su esposo, sería llamada adúltera si llegara a ser de otro hombre. Pero si su esposo muere, queda libre de la ley de él, de modo que no es adúltera si llega a ser de otro hombre. 4 Así es que, hermanos míos, a ustedes también se les hizo morir a la Ley mediante el cuerpo del Cristo, para que llegaran a ser de otro, de aquel que fue levantado de entre los muertos, para que llevemos fruto para Dios. 5 Porque cuando estábamos en conformidad con la carne, las pasiones pecaminosas que eran excitadas por la Ley obraban en nuestros miembros para que produjéramos fruto para muerte. 6 Pero ahora hemos sido desobligados de la Ley, porque hemos muerto a aquello por lo cual se nos tenía sujetos, para que seamos esclavos en un sentido nuevo por el espíritu, y no en el sentido viejo por el código escrito” (versículos 1-6).

A continuación, explica una idea importante sobre la que ya ha escrito: que la Ley hace resaltar el pecado en cada humano, mediante ejemplos concretos. Sin embargo, esto no la convierte en injusta; es santa:

“Entonces, ¿qué diremos? ¿Es pecado la Ley? ¡Jamás llegue a ser eso así! Realmente, yo no habría llegado a conocer el pecado si no hubiera sido por la Ley; y, por ejemplo, no habría conocido la codicia si la Ley no hubiera dicho: “No debes codiciar”. 8 Pero el pecado, recibiendo un incentivo por medio del mandamiento, obró en mí toda clase de codicia, porque aparte de ley el pecado estaba muerto. 9 De hecho, yo estaba vivo en otro tiempo aparte de ley; mas cuando llegó el mandamiento, el pecado revivió, pero yo morí. 10 Y el mandamiento que era para vida, este hallé que fue para muerte. 11 Porque el pecado, recibiendo un incentivo mediante el mandamiento, me sedujo, y mediante él me mató. 12 De manera que, por su parte, la Ley es santa, y el mandamiento es santo y justo y bueno” (versículos 7-12).

Por cierto, podemos ver que el apóstol Pablo incluye los Diez Mandamientos en la Ley, pues cita el décimo: “No debes codiciar”. Algunos cristianos observan un sábado obligatorio, que forma parte de uno de los Diez Mandamientos, con el pretexto de que estos no forman parte de la Ley. El texto de Romanos 7:7 demuestra que esto no es así; por lo tanto, los cristianos que observan el sábado obligatorio carecen de fundamento bíblico para ello, ya que no estamos bajo la Ley, pues Cristo es el fin de la Ley (Romanos 10:4).

En el siguiente pasaje, Pablo explica con más detalle la lucha entre el deseo de obrar bien, buscando obedecer la ley de Dios, y la fuerza interior que nos impulsa a obrar mal, debido a la ley del pecado, heredada de Adán.

“¿Acaso, pues, llegó a ser muerte para mí lo que es bueno? ¡Jamás suceda eso! Pero el pecado lo fue, para que se mostrara como pecado que obraba muerte para mí mediante lo que es bueno; para que el pecado llegara a ser mucho más pecaminoso mediante el mandamiento. 14 Porque sabemos que la Ley es espiritual; pero yo soy carnal, vendido bajo el pecado. 15 Porque lo que obro no lo sé. Porque lo que deseo, esto no lo practico; sino que lo que odio es lo que hago. 16 Sin embargo, si lo que no deseo es lo que hago, convengo en que la Ley es excelente. 17 Mas ahora el que lo obra ya no soy yo, sino el pecado que reside en mí. 18 Porque sé que en mí, es decir, en mi carne, nada bueno mora; porque la facultad de desear está presente conmigo, pero la facultad de obrar lo que es excelente no está [presente]. 19 Porque lo bueno que deseo no lo hago, pero lo malo que no deseo es lo que practico. 20 Ahora, pues, si lo que no deseo es lo que hago, el que lo obra ya no soy yo, sino el pecado que mora en mí” (versículos 20).

“Porque lo bueno que deseo no lo hago, pero lo malo que no deseo es lo que practico” (versículo 19). Esta frase resume a la perfección el conflicto interno de todo ser humano pecador, quien debe luchar interiormente para asegurar que su voluntad de hacer el bien, desde la perspectiva de Dios, prevalezca sobre la fuerza interior que nos impulsa a actuar de manera contraria. Por eso, al concluir el capítulo 7, Pablo nos anima a no desanimarnos en esta batalla contra las fuerzas del mal que obran en nuestro interior, para que nuestra voluntad de hacer el bien prevalezca mediante acciones que se ajusten a la voluntad de Dios. Ganaremos esta batalla confiando en la misericordia de Dios, por medio de Jesucristo.

“Hallo, pues, esta ley en el caso mío: que cuando deseo hacer lo que es correcto, lo que es malo está presente conmigo. 22 Verdaderamente me deleito en la ley de Dios conforme al hombre que soy por dentro, 23 pero contemplo en mis miembros otra ley que guerrea contra la ley de mi mente y que me conduce cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. 24 ¡Hombre desdichado que soy! ¿Quién me librará del cuerpo que está padeciendo esta muerte? 25 ¡Gracias a Dios mediante Jesucristo nuestro Señor! Así pues, con [mi] mente yo mismo soy esclavo a la ley de Dios, pero con [mi] carne a la ley del pecado” (versículos 21-25).

Muchos hombres y mujeres creen que es imposible que Dios los perdone. La misericordia de Dios es mucho más generosa que la de los humanos…

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Los comentarios sobre la Epístola a los Romanos, capítulo por capítulo, no serán lineales (un estudio versículo por versículo), sino que se basarán en los puntos principales que surgen en el capítulo estudiado…

Cuando leemos la carta de Santiago, nos sorprende la semejanza de su forma de enseñar, con la de su hermano mayor Jesús. Usa muchas ilustraciones como lo hacía Jesús…

El objetivo de su carta es denunciar la infiltración en la congregación cristiana, de individuos maliciosos, con comportamientos dudosos que pervierten la pureza espiritual requerida por Dios y su Hijo Jesucristo…

Juan es uno de los doce apóstoles de Jesucristo. También es el redactor del Evangelio que lleva su nombre y del libro Apocalipsis o Revelación…

El redactor de esta carta es uno de los doce apóstoles de Jesucristo. En los Evangelios, también tiene el nombre de Simón Pedro (Mateo 4:18) y Jesucristo le dio el nombre de Cefas (Juan 1:42)…

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